Circo Interior Bruto

 

DE la experiencia térmica en la cultura actual y de otros temas

Un proyecto del Circo Interior Bruto sobre el fuego entendido como hogar, realizado para el evento de arte público “Ardearganda”, en Arganda del Rey, Madrid, en Junio de 2001.

De la experiencia térmica en la cultura actual y

de otros temas


El Circo Interior Bruto no tiene escupefuegos, y nuestros malabaristas no se han armado aún del valor suficiente para hacer sus juegos con antorchas. Tampoco hemos conseguido convencer a nuestros tigres para que salten a través de aros flamígeros. Aunque esto fuera así, de poco nos hubiera servido al optar, como hemos hecho, por un acercamiento al tema del fuego pretendidamente no efectista. Frente a la abundancia de los famosos espectáculos de luz y sonido, el CIB apuesta por una experiencia interior, intensa, bruta, y a veces olvidada en nuestras formas de vida actuales.


Queremos y necesitamos que lo que vamos a mostrar sea una experiencia pública, una forma pública no espectacular que busca la confabulación con los espectadores a través de la experiencia, desde lo íntimo más que desde lo espectacular (tantas veces confundido con lo colectivo). El entendimiento del sentido de lo público en este trabajo no reside tanto en la ubicación y recepción masiva y simultánea por parte de los espectadores, como en la intención de guiar una reflexión colectiva posterior a la experiencia individual, añadida a la vivencia personal.


Para el desarrollo de este proyecto se construiría un habitáculo efímero de aproximadamente 3 x 3 x 2,40 m. con materiales de aspecto intencionadamente precario, obteniendo una apariencia externa próxima a la estética de chabola. Esta apariencia contrastaría con un espacio interior cuidado, en el cual se crearía un entorno cómodo y acogedor alrededor de un fuego central. En la estancia se dispondrían en torno al fuego un sillón enfrentado a otros cinco.


Dos miembros del Circo Interior Bruto recibirían a los espectadores a la entrada, acompañándoles de uno en uno al interior del habitáculo. Cada espectador compartiría el espacio con otros 5 miembros del Circo durante unos minutos. Durante este tiempo el visitante asistiría a una serie de situaciones, y tomaría parte en diversas experiencias que los miembros del Circo Interior Bruto le propondrían con el fin de dotarle de un hogar por esos instantes de su vida, haciendo hincapié en la idea de calor humano.


Cada espectador obtendría una experiencia distinta de estos momentos, ya que presenciaría sólo un fragmento del ciclo completo, ciclo que el CIB plantearía como una serie de números ofrecidos privadamente a cada espectador, que se repetiría de forma continua por espacio de unas tres horas.


Las propuestas que se le harían al espectador pueden oscilar entre la lectura de un cuento, la experiencia guiada de la observación del fuego, o un masaje íntimo.


Para finalizar cada encuentro, se invitaría al espectador a contar a otras personas lo que allí ha sucedido, abriendo la posibilidad de una experiencia múltiple al comentar grupos de espectadores su vivencia individual, o transmitir a terceros la posibilidad de esta experiencia única. Así mismo, se plantea este trabajo una dinámica que retome la calidez transmitida a través de la tradición oral y de lo vivencial frente a la pasividad y a la mera estimulación mediática.


La ubicación apropiada para la construcción y el desarrollo de este proyecto sería un espacio abierto, en lo posible poco iluminado y poco ruidoso, que facilite la concentración en las actividades que se propongan.

Documentación adicional:


- Galería de imágenes de la presentación.

  1. -Texto del proyecto original.

  2. -Texto del catálogo de Ardearganda 2001.

- Desplegable del evento.

Llevábamos tiempo hablando de ello e intentándolo - al menos desde que completamos “La creación del mundo en 11 funciones” - pero fue este proyecto el que significó un paso real en una dirección desconocida. Por razones técnicas - sobre todo, por el poco plazo que no brindaba la convocatoria - el proyecto se diseñó como una función “menor”, un trabajo menos ambicioso. Se trataba de construir una chabola en una plaza de Arganda del Rey y, en medio de las usuales celebraciones de la Noche de San Juan, de generar algo alrededor del fuego que fuese a la contra de la inercia general, una experiencia íntima que para cada visitante, única e intransferible. Los visitantes entraban uno por uno - y nosotros les ofrecíamos una presentación compuesta por una serie de intervenciones breves.


La primera sorpresa - la mala - nos sobrevino cuando nos dimos cuenta de que habíamos tenido la muy acertada idea de encender un fuego en un espacio cerrado el día más caluroso del año. Si cada función que hemos realizado tiene un elemento distintivo, el de ésta fue sin duda la cantidad de agua que consumimos.


La segunda sorpresa - esta sí, buena - la tuvimos mientras desarrollábamos el trabajo. Tanto el formato de presentación como el ambiente que se generó dentro de la chabola realmente parecían descubrirnos nuevos espacios de investigación. También - fuera de las funciones al uso que presentamos ante un público congregado en masa - nos dimos cuenta de que este formato de presentación también arrancaba respuestas insospechadas por parte de los visitantes, desde la incredulidad hasta la confesión íntima.


Por otro lado, también nos sentó bien el perder unos cuantos kilos a base de transpiración pura y dura.


El maestro de ceremonias en esta función fue Jesús Acevedo.