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A pesar de estar situada al fondo del patio de la Manifattura Tabacchi en Rovereto, la pieza “Schumann Machine” de Ragnar Kjartannson probablemente sea una de las más intensas y más prominentes piezas dentro de la exposición Principle Hope, parte de la Manifesta 7 situada en varios lugares de la ciudad de Rovereto.


Un enorme fuego pintado sobre una silueta de madera, casi grotesco en sus dimensiones y en su aspecto de decorado de obra de teatro de colegio, da la bienvenida (si se puede utilizar este término aquí) a los visitantes que se adentran en el patio. Una puerta en el centro del decorado se abre hacia una pequeña habitación, una especie de alcoba de soltero, totalmente dominada por los signos de juerga decadente - botellas y copas de champán vacías, ceniceros llenos, restos de trufas, una cama deshecha, un piano con aspecto sospechoso...

A small monitor shows footage from an event which has taken place in the room at some point. A piano player and a singer go through a repertoire of classic Schumann lied, botching up the performance, falling over, spilling champagne on the piano, eating truffles, tipping the ash from their cigars to the floor...


Up to this point, the piece projects repulsion and mockery. But, half a minute inside the room, and the eery athmosphere of the place, you arrive at the realisation that the grotesque performance is a seemingly endless loop, that this decadence is imbued with melancholia, and that there is a lot more here than meets the eye here.

Una pequeña pantalla emite la grabación de un evento que ha tenido lugar en la habitación en algún momento pasado. Un pianista y un cantante ofrecen un repertorio de lied clásicos de Schumann, metiendo la pata, tropezando y cayéndose, derramando champán sobre el piano, comiendo trufas, tirando la ceniza de sus puros al suelo...


Hasta aquí, la pieza proyecta una mezcla de repulsa y burla en el visitante. Pero, tras pasar medio minuto en la alcoba, envuelto en la inquietante atmósfera del sitio, uno se da cuenta de que la grotesca performance traza un bucle aparentemente infinito, que la decadencia del decorado está impregnada de melancolía, y que hay mucho más aquí que lo que se percibe a primera vista.


The piece, titled “Shumann Machine” (but, so goes the rumour, bearing the original title of “Schumann! All He Ever Wanted Was to Eat Truffles and Masturbate”), features Kjartansson’s flaming theatrics, who, accompanied by piano virtuoso (and also artist) Davið Þór Jónsson, performs Schumann’s Dichterliebe and Hör’ ich das Liedchen klingen as a psychedelic and absurd loop, while simultaneously acting out quasi-Dadaistic, burlesque behavior (featuring the eating of truffles) in a decadent homage to the classic 20th century avant-garde, creating a repetitive inferno using the addded iconic component of national identity.


The official word on Ragnar Kjartansson is that he was born in Reykjavic in 1976, and “...is preoccupied with elements of visual art, music and theater, but considers himself mainly a performance artist for whom art is “like the blues… I use it to clean my soul.”

   

Another rumour claims that he was conceived on the set of the very first Icelandic erotic thriller, where his mother was playing a bored housewife while his father was playing the role of a plumber.


There is some more info on Kjartansson at his website, but, really, you should do a Google search and make up your mind yourselves.



Kamen Nedev

La pieza, con el título de “Schumann Machine” (pero, según los rumores, con el título original de “¡Schumann! Todo lo que deseaba era comer trufas y masturbarse)” se basa en los alardes teatrales de Ragnar Kjartansson, quien, acompañado del virtuoso del piano (y también artista) Davið Þór Jónsson, interpreta la Dichterliebe y la  Hör’ ich das Liedchen klingen de Schumann como un buscle psicodélico y absurdo, comportándose, al mismo tiempo, de forma cuasi-Dadaísta y burlesca (lo cual incluye comer trufas), en un homenaje decadente a la clásica vanguardia del siglo XX, creando un infierno repetitivo a través del uso del elemento icónico añadido de la identidad nacional.


Las fuentes oficiales dicen que Ragnar Kjartansson nació en Reykjavic en 1976, y que está “... interesado en elementos de las artes visuales, la música y el teatro, pero se considera a sí mismo principalmente un artista de performance, para quien el arte es “como el blues... lo uso para limpiar mi alma.”


Las fuentes no-tan oficiales cuentan que fue concebido en el set de rodaje del primer thriller erótico islandés, en una escena en la que su madre hacía de ama de casa aburrida y su padre interpretaba el papel de fontanero.


Hay más información sobre Ragnar Kjartansson en su página web, pero, seriamente, deberíais hacer una búsqueda en Google y sacar vuestras propias conclusiones.


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